21 July 2010

Lo Inefable








Yo muero extrañamente... No me mata la Vida,
no me mata la Muerte, no me mata el Amor;
muero de un pensamiento mudo como una herida.
¿No habéis sentido nunca el extraño dolor
de un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida
devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor?
¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida
que os abrasaba enteros y no daba fulgor...?
¡Cumbre de los Martirios...! ¡Llevar eternamente,
desgarradora y árida, la trágica simiente
clavada en las entrañas como un diente feroz...!
Pero arrancarla un día en una flor que abriera
milagrosa, inviolable... ¡Ah, más grande no fuera
tener entre las manos la cabeza de Dios!

                                                                         D.Agustini

16 July 2010

las alas






El vuelo ardiente, devorante y único,
Que largo tiempo atormentó los cielos,
Despertó soles, bólidos, tormentas,
Abrillantó los rayos y los astros;
Y la amplitud: tenían
Calor y sombra para todo el Mundo,
Y hasta incubar un más allá pudieron.

Un día, raramente
Desmayada a la tierra,
Yo me adormí en las felpas profundas de este bosque...
Soñé divinas cosas!...
Una sonrisa tuya me despertó, paréceme...
¡Y no siento mis alas!...
¿Mis alas?...
—Yo las vi deshacerse entre mis brazos...
¡Era como un deshielo!

                                                          D.Agustini

voces laudatorias





Hermano: a veces dudo si existes o te sueño;
Coronado de espíritus reinas en la Belleza
Teniendo por vasallos la Vida y el Ensueño,
Y por novia la Gloria que el crepúsculo reza:

«Dios salve de sus ojos los dos largos estíos;
»Y mariposa ebria de sol, su cabellera;
»Y su boca, una rosa fresca sobre los ríos
»Del Fuego y la Armonía; y los vasos de cera
»De sus manos colmadas de rosas de cariño;
»Y su cuerpo sin sombra que reviste un armiño
»De castidad sobre una púrpura de pasión.
»Y, ante todo, Dios salve el rincón de su vida
»Do el Espíritu Santo de su espíritu anida:
»Ante todo, Dios salve en mí su corazón!»

El Ensueño se encierra en su boca sedeña,
El Ensueño no habla ni nada: sueña, sueña...

                                                               D.Agustini